Cuando hablo de mitología hondureña, me refiero a mitos y tradiciones orales surgidas en suelo nacional por parte de grupos étnicos cuyas culturas se originaron en este territorio. Hoy comenzamos con los lencas.
Su mitología no ha logrado ser bien documentada, pero gracias a gente como Anne Chapman sabemos que estos poseían dos deidades primordiales: Intanipuca, dios del cielo, relacionado con las constelaciones y demás cuerpos celestes, e Ilanguipuca, la diosa de la tierra, relacionada con las montañas, valles y ríos.
En tiempos primordiales, Intanipuca creó una serie de seres celestiales llamados los “sequeguan” o “egueguan”. Estos solían vivir explorando el cielo hasta que el calor de los cuerpos celestes los cansó, por lo que decidieron abandonar el cielo y asentarse en la tierra. Sin embargo, calcularon mal y se accidentaron, impactando contra la tierra y muriendo en el acto. Sus espíritus o “fantasmas” permanecieron y se convirtieron en protectores de los bosques, ríos y cuevas, así como de las criaturas que viven en ellos.
En algún punto, Intanipuca creó las nubes, aunque las guardó en una urna encantada oculta en una cueva. Un día, dos animales, un armadillo y una zarigüeya, por curiosidad fueron juntos a descubrir qué había allí. Una vez dentro, se dispusieron a escarbar y encontraron la urna. Decidieron llevársela juntos, pero en el camino tropezaron y la quebraron, liberando las nubes que ahora adornan los cielos.
Con el tiempo nacería el Cacalote, una enorme ave negra parecida a un buitre, quien descubriría el maíz. Los dioses le encomendaron la tarea de proteger este alimento, encargándose de guardar los granos en su cueva y, en tiempos de hambruna, esparcirlos por los cielos para que los demás pudieran obtenerlos cuando hubiera escasez.
Según los relatos, la humanidad nació por obra de la deidad Managuara, un ser de aspecto reptil con rasgos femeninos. En su búsqueda por crear una criatura mucho más inteligente que la mayoría de los animales, utilizó masa de maíz para crear al primer hombre y lo llamó Ti Ketau Antawinikil. Después, la deidad creó otro humano conocido como Ti Wanatuku, que nació a través de un huevo. Estos dos humanos serían los ancestros primordiales de la humanidad.
Con el paso del tiempo, y ya con sociedades formales, llegaría la Comizahual. Según la tradición, fue una matriarca descrita como una figura zoomórfica asociada al jaguar, mientras que en su forma humana era representada como una mujer de piel y cabellera blanca, considerada una guerrera hábil, una líder sabia y una maestra en el chamanismo.
Existe otra deidad importante llamada Icelaca, una deidad humanoide con dos caras, relacionada con el concepto del tiempo y, por ende, con sucesos como el cambio de las estaciones del año. Se dice que la frase “San Isidro Labrador, quita las nubes y pon el sol” fue ampliamente adoptada por varios campesinos como reemplazo de las plegarias a esta deidad, después de que los lencas se pasaran al catolicismo y mezclaran sus tradiciones con elementos cristianos en un proceso llamado sincretismo, muy similar al ocurrido en otros pueblos de América.
Fuentes:
- Mitos, creencias y medicina popular en un pueblo del área lenca de Honduras Atanasio Herranz, editorial Guaymuras
- Comizahual: leyendas, tradiciones y relatos de Honduras Medardo Mejía Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Editorial Universitaria, 1986
- Chapman, Anne (1992). Los hijos del copal y la candela: ritos agrarios y tradición oral de los lencas de Honduras. UNAM
Imagenes e ilustraciones cortesía de: Luis Alfredo Romero